
Sé que me esperas en algún rincón de tu memoria,
aunque nuevamente susurro al viento que no estaré allí
para que el eco de mi grito mudo no rompa tu alcázar de Murano.
Yo escapé antes de estar porque era lo pactado con la Fortuna.
Volé a mi soledad y deje mis zapatos y mi olor en tu tálamo,
mis mejores besos y un broche de ternura traspasando tu corazón.
Me lanzo al vacio, al no retorno de este sueño para que no sufras mi sombra:
Las alas se cerraron antes de partir y la caída ha sido brutalmente bella.
No sacaré mis mejores recuerdos a relucir, cuando solo veo lágrimas a los lejos,
más, te ofrezco un reencuentro en el otro lado,
en esa pradera donde jamás nos separaremos.
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