
Deja que mi alma enjugue las lágrimas con estas manos hechas de agua,
Con esos recuerdos de tus curvas desnudas rodando por debajo de mi vientre,
De tu pelo enredado en mis dientes crueles que devoran con avidez tu pureza.
No impidas que este de luto por la libertad perdida,
Esa que dejaste colgada a tu cuello el día de mi partida definitiva,
Duelo por los bosques de sonrisas que habitaban en mí antes de la caída,
Mariposa que involucionó en crisálida.